El rol del referente en la era digital
Históricamente hablando, los equipos que realizan trabajo de campo con poblaciones en donde se encuentran niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad han enfocado sus esfuerzos en protegerlos de riesgos físicos, violencia intrafamiliar, deserción escolar, consumo de sustancias y carencias materiales.
Sin embargo, en 2026 la frontera entre lo físico y lo digital ha desaparecido, y con ello surge un nuevo frente de riesgo: la ciberseguridad en jóvenes vulnerables, un desafío que hoy no puede ignorarse.
Para un joven que carece de redes de apoyo sólidas, el smartphone no es solo ocio, es su ventana al mundo y, lamentablemente, su exposición más directa a redes de explotación y fraude. Velo de esta forma: para un joven en un entorno de escasos recursos, el smartphone no es un lujo; es su principal vínculo con la educación, el empleo y la socialización.

Lamentablemente, esta hiperconectividad sin una red de acompañamiento sólida ha abierto la puerta a nuevas formas de criminalidad. La ciberseguridad para jóvenes en contextos vulnerables debe entenderse hoy como una herramienta de justicia social.
Quienes acompañan a estas poblaciones (docentes, trabajadores sociales y líderes comunitarios) necesitan actualizar su mirada para detectar las amenazas silenciosas que viajan por la red.
Como profesionales del ámbito social y educativo, la labor no es solo enseñar a usar la tecnología, sino fortalecer la autonomía digital de quienes acompañan.
La Ingeniería Social: Cuando el engaño se disfraza de oportunidad y la era del FOMO
El mayor riesgo en ciberseguridad no es un virus informático, sino la manipulación psicológica. En criminología, llamamos a esto “Ingeniería Social”.
Para un joven que necesita aportar ingresos a su hogar, o que está viviendo FOMO ((Fear of Missing Out) es el temor o ansiedad de perderse experiencias, eventos o interacciones sociales gratificantes que otros parecen estar viviendo, intensificado por las redes sociales), una oferta de “dinero rápido” o un “bono de ayuda gubernamental” que llega por WhatsApp es un anzuelo casi irresistible.
Tu y yo lo sabemos, nadie regala dinero.
El rol del acompañante:
Debemos enseñar a los jóvenes a desconfiar de la urgencia y la gratuidad. Si un mensaje exige una acción inmediata para recibir un beneficio, es una señal de alerta.
Los educadores pueden implementar talleres de “lectura crítica de mensajes”, ayudando a los jóvenes a identificar enlaces sospechosos o cuentas de redes sociales creadas recientemente.
Enseñarles como no solo se trata de tecnología y unos cuantos clics si no que pueden utilizar su curiosidad en su contra, y para este punto, seguramente me dirás que suena difícil, pero no es así, te explico y como criminóloga te lo digo: la sabiduría popular es una muy buena herramienta de prevención milenaria.

Los refranes yo los consideraría como “Las lecciones de supervivencia que han pasado de generación en generación”, tómate un momento y dime lo siguiente “¿Porque crees que ha sido así?” ¡Exacto! Porque de verdad funcionan.
Yo crecí con una base sólida de refranes que, hoy al crecer y entender a la sociedad, cobran más sentido que nunca.
El clásico “La curiosidad mató al gato” no era solo para que no nos asomáramos a la ventana, era para crearnos un juicio de analizar qué acciones hacíamos que nos pudieran poner en riesgo.
Los criminales saben que los jóvenes no quieren quedarse atrás, que quieren saber qué hay detrás de ese link, de esa propuesta.
Nuestra labor es enseñarles que, en el mundo digital, esa curiosidad sin cautela es la puerta de entrada para que alguien más tome el control de su vida.
“Si es difícil de creer, es difícil que sea cierto y legal”.
El fenómeno de las “Mulas Bancarias”: La criminalización de la necesidad
Uno de los tantos problemas que enfrentan los trabajadores sociales es el reclutamiento de jóvenes para el lavado de dinero.
Bajo la promesa de una pequeña comisión, se les pide “prestar” su cuenta bancaria o su identidad para recibir y transferir fondos de procedencia ilícita.
¿Pero cuál es el impacto negativo?
Te explico: el joven, alguien que hace un “favor” no suele verse como un delincuente.
Sin embargo y como lo he venido comentando, las cosas no son así de fáciles, las consecuencias legales son graves: antecedentes penales, bloqueo del sistema financiero y vulnerabilidad ante grupos delictivos que ahora no solo conocen su identidad si no también la ubicación.
La prevención aquí consiste en explicar que, en el mundo digital, la identidad financiera es personal e intransferible y aunque nadie pueda ver lo que estás haciendo, la autoridad regulatoria de estos movimientos tiene ojos en todos lados.

La Identidad digital y el derecho al olvido
En contextos vulnerables, la huella digital suele construirse sin filtros.
Fotos, videos o comentarios realizados bajo presión de grupo o en momentos de crisis pueden ser utilizados años después para extorsión o discriminación laboral.
Estrategia educativa:
Los docentes deben trabajar en el concepto de “Yo del Futuro”.
La ciberseguridad no es solo poner una contraseña; es entender que lo que se sube a la red hoy es permanente.
Fomentar la configuración de privacidad y el uso de la Verificación en Dos Pasos es equivalente a enseñar a alguien a ponerle llave a su casa.
Darles a entender que no pueden controlar quien ve o comparte lo que suben, pero sí controlar que es lo que suben y comparten.
Fotos y likes vemos, nexos con el crimen no sabemos.
Guía de detección temprana para equipos de territorio
¿Cómo identificar que un joven bajo nuestro cuidado está en riesgo digital?
Como profesionales, debemos estar atentos a:
1. Aislamiento repentino:
Otra señal que a veces dejamos pasar es el aislamiento.
No hablo solo de que el joven se encierre en su cuarto, sino de ese acto de estar presente físicamente, pero su mente está secuestrada por el celular.
Si notas que deja de participar en las actividades, que ya no convive como antes y, sobre todo, que vive en un estado de hipervigilancia con sus notificaciones (esa ansiedad de que no puede despegarse de la pantalla ni un segundo), presta atención.
Muchas veces los adultos decimos: “es normal, es cosa de la edad, todos los jóvenes son así ahora”.
Pero te lo digo desde la experiencia: no siempre es la edad.
Esa urgencia por responder o ese miedo a soltar el teléfono suele ser la presión de alguien que lo está extorsionando, que lo está obligando a cumplir con “tareas” digitales o que lo tiene enganchado en una red de la que no sabe cómo salir.
2. Cambio de nivel de vida:
Hay señales que saltan a la vista y que, como profesionales en territorio, no podemos ignorar.
Me refiero a esos cambios repentinos en el nivel de vida que no tienen pies ni cabeza.
Seamos realistas: si acompañas a un chavo que no tiene una chamba fija, que dejó la escuela o que sabemos que la está pasando apretada en casa, y de pronto lo ves con el celular de último modelo, tenis de marca o moviendo dinero en efectivo como si nada… algo no cuadra.
No se trata de juzgar, se trata de entender que ese “estreno” suele ser el pago por un “favor” digital que lo está poniendo en un riesgo legal o físico enorme.
En nuestro lenguaje, eso es una bandera roja que nos dice que alguien más ya lo reclutó para algo que no le conviene.

Conclusión: Hacia una red de protección comunitaria
La ciberseguridad para jóvenes en contextos vulnerables no se resuelve con manuales técnicos.
Es más parecido a una receta, donde la confianza, la comunicación, la cultura y la educación son los ingredientes principales para crear relaciones fuertes con los jóvenes.
Te aseguro que con la presencia de adultos referentes que entiendan el funcionamiento del entorno digital, no dejaremos que los algoritmos y los delincuentes sean los únicos que hablen con los niños, niñas y adolescentes.
Hay que crear cercanía para ser el lugar seguro de todos los jóvenes que lo necesitan.
La misión es transformar la vulnerabilidad en conocimiento.
Espero que estas palabras te empoderen como líder comunitario y te ayude a crear equipos sociales que, con estas herramientas, estarán creando una muralla humana que protege el futuro de quienes más lo necesitan.
La prevención digital es, en última instancia, una forma de cuidado comunitario en estos tiempos, donde la información viaja más rápido que la luz.
Que el tener acceso a tecnología sea poder para crear y no un arma que destruya la integridad de las personas.
La ciberseguridad para jóvenes en contextos vulnerables no es un lujo tecnológico; es un derecho de protección básico.

